Posteado por: elcanibal | marzo 16, 2008

Dos imágenes y mil palabras

 
https://i1.wp.com/elcanibal.blogspot.es/img/china.jpg 

“El hombre de los tanques en Tian an men”
 

“El rebelde desconocido” ante los tanques en la plaza de Tian an men
 
Un viejo poeta dijo que
un solo perro caminando solitario en la acera caliente del verano
parece tener el poder de diez mil dioses.
Entre Abril y Junio de 1989 la República Popular China vivió una serie
de manifestaciones lideradas en su mayoría por estudiantes e intelectuales.
Los manifestantes protestaban ante las represiones llevadas a cabo por
el Partido Comunista Chino, la corrupción y la mala situación económica en la que se encontraba el gigante asiático.
A pesar de que surgieron discrepancias en el seno del partido comunista
en relación a como sofocar las protestas, fueron mayores
las voces que pidieron acabar con las manifestaciones por medio de la fuerza, en lugar
de atender a las peticiones del país.
El ejército popular de liberación (EPL) -en su origen ejército del Partido Comunista chino
y que llevó a este partido al poder gracias a la victoria en la Guerra Civil contra el Kuomintang (Partido
nacionalista Chino)- acabó con el flujo de manifestaciones el 4 de Junio, haciendo entrar
tanques e infanteria en la plaza de Tian an men.
Y ahí apareció uno de los desconocidos más famosos de la Historia.
El hombre permaneció solo mientras los tanques se le aproximaban.
A medida que los tanques iban reduciendo velocidad, el hombre les pedía que diesen la vuelta.
El primero de los tanques le intentó sortear, pero él seguia interponiendose en su camino
demostrando una osadía elogiable.
Se hablaron miles de teorias, desde que era un estudiante insurrecto, un policía pekinés
vestido de calle… lo cierto es que nunca se supo de él.
Quizás terminase siendo uno de los más de mil muertos que depararon las protestas.
O quizás viva aún en China con la tranquilidad de que la fotografía no delata su rostro.
La imágen consiguió aparecer en cientos de noticiarios y en las portadas de la mayoría de los periódicos occidentales,
haciendo del protagonista un ejemplo del movimiento democrático chino.
Pero dentro de China fue utilizada por el gobierno para hacer ver a la población el cuidado y la protección
que el EPL ejercía sobre el pueblo, ya que el conductor del tanque desobedeció
órdenes y se negó a seguir adelante porque no estaba dispuesto a dañar a ningún ciudadano.
El desconocido que puso su vida en juego era para el gobierno asíatico un perfecto ejemplo de delincuencia y desobediencia.
Aún hoy día este suceso es tabú en China. Está completamente prohibido recordarlo en público y
la plaza de Tian an men es patrullada cada 4 de Junio para evitar conmemoraciones.
Lo cierto es que de esta forma, como de tantas otras, los gobiernos intentan hacer olvidar a su
pueblo pequeños trozos importantes de su Historía.
Puede parecerlo o no, pero al ver a este rebelde desconocido, veo también en él el poder
de diez mil dioses juntos. 
 
 
 
 https://i0.wp.com/elcanibal.blogspot.es/img/hambre.jpg
“Hambre en Sudán”
 
Fotgrafia realizada por Kevin Carter ganadora del premio Pulitzer en 1993

 
El fotógrafo sudafricano Kevin Carter fue en 1993 a Sudán para denunciar la guerra,
el terror,los campos de refugiados y sobre todo la gran hambruna que dominaba al pais.
Acababa de bajar del avión y encender un cigarrillo.
Cogió su cámara fotográfica y amplió la lente hasta una
distancia de mil metros.
De pronto vió a una niña que rendida por el hambre moría de rodillas en el suelo.
No era el único testigo. También un buitre carroñero esperaba que aquel cuerpecito moreno
dejase de moverse pera entrar en acción.
No lo pensó. Un fotógrafo de guerra no piensa, actúa.
Enfocó la lente, secó con un pañuelo el sudor que le caía en los ojos y
comenzó a fotografiar.
Era impactante. Aquellas fotografías eran buenas, pero lo serían aun mejor si aquel animal abría sus alas,
de algún modo sería como fotografiar la llegada de la muerte.
Esperó durante veinte minutos pero no sucedió nada.
La instantánea recibió el premio Pulitzer y Kevin Carter pasó a la Historia.
¿Pero que ocurrió con la niña?, ¿Fue a su auxilio?
No. Carter abandonó a aquella niña como quien abandona un cuadro que acaba de fotografiar en una pared.
Siempre sostuvo que la niña consiguió llegar a un centro de la ONU.
De pronto le llovieron las críticas. Todo el mundo lo culpabilizaba por el abandono y posible muerte de aquella niña sudanesa.
Carter trabajaba como reportero gráfico para “The Johannesburg Star”, periódico Sudafricano. Llevaba años fotografiando
las muertes, guerras y penurias de Sudáfrica.
Junto con Carter, el resto del equipo de fotógrafos lo componían tres compañeros más.
Irónicamente se hacían llamar el “Bang Bang Club”.
Juntos se jugaban sus vidas para denunciar por medio de imágenes la situación de aquel pais.
¿Logramos comprender nosotros la presión a la que están sometidos estos reporteros?
¿Logramos comprender que concepción tiene una persona de la muerte cuando está en continuo contacto con ella?
Creo que no.
No era extraño que para soportar tal situación social, para olvidar las imágenes de gente muerta en las calles diariamente,
tanto Carter como sus compañeros abusasen del alcohol y las drogas.
Dicen que cuando le telefonearon para informarle que había obtenido el Pulitzer estaba tan colocado que
ni siquiera lo comprendió.
El hecho es que aquella instantánea se convirtió en su guerra personal.
LLegó a decir “Es la fotografía más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla, la odio.
Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”.
A la semana de recibir el premio, Ken Oosterbroek, compañero de la “Bang Bang Club” caía muerto de un disparo
mientras realizaba fotografias en Tokoza (Sudáfrica).
Kevin Carter tocó entonces suelo.
El 27 de Julio de 1994, tres meses después de las primeras elecciones democráticas de su pais (algo por lo que había fotografiado tanto)
y dos meses después de haber recibido el Pulitzer,Carter se dirigió en su coche a un rio de Johannesburg donde había pasado su infancia.
Introdujo el tubo de escape dentro del vehículo, se colocó los cascos del Walkman y
comenzó a escuchar música mientras inhalaba monóxido de carbono.
Se quedó allí rendido, igual que la niña sudanesa que había fotografiado un tiempo atrás,
esperando la muerte.


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